Emprende tú, que a mí me da la risa

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riendo

“Fue un hombre valiente el primero en comerse una ostra”. Jonathan Swift

Desde muchos puntos de la sociedad se está incentivando el emprendimiento como una de las soluciones a la crisis. Tenemos que llenar el país de emprendedores que no sólo no ocupen una plaza en la cola del INEM, sino que además contraten a uno o dos parados y ya está solucionado el problema. ¿Verdad que es fácil? Fácil, sí, pero ¡mentira!

Este afán por animar a la gente a ser emprendedor me recuerda al chiste de los que entraron a robar en un huerta por un hueco de una tapia y al recibir el primero un garrotazo en la boca, retrocedió tapándose la boca por el dolor y animó al segundo diciendo:

–         Entra tú que a mí me da la risa.

Pues esto parece un poco así. Emprende tú que a mí me da la risa.

Pero cuando decimos que tiene que haber emprendedores, ¿estamos mandando a la gente a que le den un garrotazo en la boca? Es que es la sensación que da. Sigue leyendo

Stefan I de Bucarest, una sonrisa en el Reino de la Inmigración

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camarero

“Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada”. William Shakespeare

Hace poco que fui a una boda en un hotel de copetín. Primera sorpresa, casi todos los camareros eran inmigrantes, pero muy inmigrantes, no un poco, que en esto, desgraciadamente, también hay clases.

Quizá soy un sentimental, pero me siguen emocionando las personas que eligen meterse miles de kilómetros entre pecho y espalda para luchar por mejorar su vida, en muchos casos su mierda de vida, para llegar a un sitio que no entienden, rodeados de personas que no hacen nada por entenderles, y vienen a pedir trabajo en un país que las estadísticas dicen que sobran 5.000.000 de personas para trabajar.

En la boda eran invisibles, eran lo que había al otro lado de las bandejas que nos traían unos manjares (esta palabra ya no se lleva, pero es la que hace justicia) exquisitamente elegidos por nuestros anfitriones, y que nosotros comentábamos con fruición a la vez que cerrábamos los ojos para degustarlos mejor. Es curioso, he dicho “cerrábamos los ojos”, quizá me ha traicionado el subconsciente. Sigue leyendo