Empresas malditas

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suicidio

“Temo más las maldiciones de mis vasallos que las lanzas de mis enemigos”. ENRIQUE II DE TRASTÁMARA

A veces te llaman de una empresa para echarles una mano y cuando llegas allí te das cuenta de que la maldición se ha adueñado de ella. Miras con cierta tristeza a la gente, recoges los bártulos y te marchas, sabiendo que lo único que le espera es la desaparición. Están condenadas por el simple hecho de que nadie allí quiere realmente que se salve. ¿Incomprensible? Ni mucho menos. La maldición de la autodestrucción les ha poseído.

Las cosas nunca pasan porque sí, salvo para los que se refugian en interpretar las circunstancias a la engañosa luz de la suerte. Para los que ya hemos fotografiado unas cuantas batallas, sabemos que la suerte tiene un peso decorativo en todo lo que nos ocurre.

Cada vez que llego a una empresa y el deseo de causar daño se ha impuesto al impulso de salvarse, es prácticamente imposible arreglar la situación. Hay mucha gente cuyo único placer consiste en causar daño, en destruir. Y como esto, desgraciadamente, está al alcance de cualquier imbécil, muchos sienten ese extraño placer de proyectar sus rencores en forma de destrucción. ¡Por fin son protagonistas en una película en la que antes eran figurantes! ¡Por fin todas sus envidias no confesadas se pueden clavar el pecho de alguien! Sigue leyendo

Millenium 1: los hombres que no amaban a sus negocios

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hombre triste“La pasión constituye todo lo humano. Sin ella, la religión, la historia, la novela, el arte, serían inútiles”. BALZAC

¿Dónde dejaste la pasión, Manolo? ¿Quién te robó la ilusión, Juan? ¿Por qué no hablas de tu negocio como si fuera una aventura irrepetible? He visto pocas herramientas tan poderosas para vender y mejorar los resultados en una empresa como la pasión, y además, es de las más baratas. ¡Sólo cuesta cambiar la actitud!

Otro de los efectos colaterales de la crisis es que la gente mira a sus empresas como si se estuvieran despidiendo de ellas, como si en otros tiempos las hubieran visto como Mónicas Bellucis de las que presumir, y ahora le hubieran salido las arrugas de golpe, tosieran como fumadores de Ducados, y su salud no inspirara más que lamentos y malos presagios.

Y así es imposible.

Se lo digo a los empresarios con los que trabajo y a los vendedores a los que formo. ¡Pasión, cojones! Que es gratis y se contagia. ¡Dejad de llorar por los rincones! Sigue leyendo