¿Te gustaría saber (realmente) por qué no vamos a cobrar las pensiones?

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Nuevo libro de Fernando Sánchez Salinero

Las sociedades acostumbran a mirar para otro lado ante los temas que pueden resultar incómodos, no queriendo ver las cifras que ponen negro sobre blanco la realidad, cuando ésta contradice lo que nos gustaría que ocurriera.

Pero….

  • ¿Es sensato no saber la situación real de las pensiones, o cuánto nos cuesta la sanidad y cuánto tiempo podemos mantener esta situación?
  • O ¿Por qué se produce la corrupción y de nada sirve cambiar políticos porque todos acaban igual?

Estamos un momento en que como nos confundamos en la decisión podremos ver cómo nuestra vida cambia completamente.

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Antes arruinado que sencillo. La muerte de las empresas por vergüenza.

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Ricos y pobres“El amor propio y la vanidad nos hacen creer que nuestros vicios son virtudes, y nuestras virtudes, vicios”. Jacinto Benavente

¡Qué años estamos viviendo! Cada vez me encuentro más con el orgullo hispánico suicidando empresas. Es muy triste que todo se te tuerza y las circunstancias te lleven a tener que cerrar a pesar de luchar a brazo partido, pero es mucho más triste, trágico, dirían algunos, arruinarte por no saber bajar el ritmo, víctimas del ¡Qué dirán!

Ya nos advertía el Lazarillo en su tercer tratado que una de las enfermedades de los españoles es el orgullo, ejemplificada en la figura del hidalgo que no tenía para comer, pero componía su figura para salir a pasear, y esparcía unas migas de pan sobre la pechera para dar la impresión de que acababa de comer. Hasta al Lazarillo le inspiraba compasión tanta ignorancia. Sigue leyendo

Empresas malditas

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“Temo más las maldiciones de mis vasallos que las lanzas de mis enemigos”. ENRIQUE II DE TRASTÁMARA

A veces te llaman de una empresa para echarles una mano y cuando llegas allí te das cuenta de que la maldición se ha adueñado de ella. Miras con cierta tristeza a la gente, recoges los bártulos y te marchas, sabiendo que lo único que le espera es la desaparición. Están condenadas por el simple hecho de que nadie allí quiere realmente que se salve. ¿Incomprensible? Ni mucho menos. La maldición de la autodestrucción les ha poseído.

Las cosas nunca pasan porque sí, salvo para los que se refugian en interpretar las circunstancias a la engañosa luz de la suerte. Para los que ya hemos fotografiado unas cuantas batallas, sabemos que la suerte tiene un peso decorativo en todo lo que nos ocurre.

Cada vez que llego a una empresa y el deseo de causar daño se ha impuesto al impulso de salvarse, es prácticamente imposible arreglar la situación. Hay mucha gente cuyo único placer consiste en causar daño, en destruir. Y como esto, desgraciadamente, está al alcance de cualquier imbécil, muchos sienten ese extraño placer de proyectar sus rencores en forma de destrucción. ¡Por fin son protagonistas en una película en la que antes eran figurantes! ¡Por fin todas sus envidias no confesadas se pueden clavar el pecho de alguien! Sigue leyendo

¿Cómo le dices a alguien a quien quieres que la cosa está jodida sin acojonarle?

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tres monos“Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”. Séneca.

El dilema al que se enfrentan muchos empresarios o líderes de proyectos es que no saben si comunicar lo grave de la situación sin que cunda el desánimo, los enemigos se regocijen, se menoscabe su imagen, o por, el contrario, disimular, y con ello agravar los problemas por falta de adoptar medidas.

Vivimos en un país de hidalgos de Lazarillo de Tormes, donde soportamos el ayuno, pero rociamos de migas de pan nuestra barba y nuestra pechera, para mostrar así que comemos,  aunque no sea cierto, pero no nos remangamos a currar por no correr el riesgo de mancillar nuestra hidalguía.

Me estoy encontrando con muchos empresarios que les preocupa más ocultar la situación que ponerle remedio. Incluso algunas veces lo hacen por precaución, para que no caiga la moral de la gente a su cargo y, cuando por fin, desbordado por los hechos, abre la puerta a la realidad, lo describe como el apocalipsis y propone medidas infundadas, descapitalizadoras de la empresa, y que terminan por quitar la poca vida que faltaba. Sigue leyendo