Más impuestos. El recurso de los gestores inútiles.

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caballo tirando

“Muchas personas miran al empresario como al lobo que hay que abatir, otros muchos lo miran como a una vaca que hay que exprimir, y muy pocos lo ven como el caballo que tira del carro”.Wiston Churchill

Hace años que uso un test para detectar si estoy frente a un inútil. Si cuando se presenta una dificultad, su primera opción es pedir más recursos, mal asunto: inútil al canto. Me da igual que sea un gerente, un político o un entrenador de fútbol. El que se queja de lo que tiene, y todo lo resuelve gastando más dinero, no sólo no es confiable, sino que es el seguro guía hacia el desastre.

Cuando los políticos dicen que esto se arregla con más impuestos para taponar los agujeros que su incompetencia provoca, es como si un maquinista de un tren, al ver la escasez del carbón, no acertara a racionalizar el consumo, sino que incidiera en las causas que le llevaron a esa situación.

“Más madera” gritan cuando el tren pierde potencia por cada una de sus tuberías. ¿No será mejor arreglar el mecanismo? Quizá nunca arreglaron nada. Sólo saben quemar cosas para hacer andar el tren.

Es más fácil seguir cortando los árboles que deben dar sus frutos los próximos años, para convertirlos en simple leña que tape su incapacidad hoy. “El mañana no existe” parece ser su filosofía. O la muy socorrida: “el que venga después que arregle este desaguisado”. Están convirtiendo las manzanas que debemos comer mañana, en madera que arde en un minuto, para tapar su vergonzosa incapacidad y su red clientelar. Lo único que los sostiene.

Se está poniendo tan pesado el oficio de ser empresario que pronto nadie querrá serlo.

Cuando a un inútil le das potestad de hacer leyes, primero tratará de hacer algunas que adornen su imagen con gestos grandilocuentes (y caros) para que le aplaudan. Total, paga el pueblo.

A esto se acostumbra uno muy rápido. Uno va a una ciudad, da dinero para que se haga un palacio de congresos infinitamente caro y le vitorean. Mira a su bolsillo y no lo ve vacío. Como dijo la ministra: “El dinero público no es de nadie”. Entonces quiere ir a cada ciudad y firmar la factura de un nuevo despilfarro, para recibir los mismos aplausos en todo el territorio. Esto dura hasta que el dinero, no ya que se tiene, sino incluso el que los prestamistas están dispuestos a dejarnos, se acaba, y entonces, ¿qué hacer? ¿Reconocer que se ha vivido en una mentira que ha hipotecado por décadas nuestro futuro? De ninguna manera, cuesta menos mantener una mentira que mostrar la realidad.

¿Quién es el valiente que lo dice frente a unas elecciones? Es mejor decir que los mercados son muy malos porque no nos prestan dinero. ¿Tú le prestarías a alguien sabiendo que posiblemente no te va a pagar?

No. La solución es más sencilla. Decir que se van a subir los impuestos. Se adornará de frases demagógicas, como que todos debemos contribuir en este momento. Se nos piden más renuncias para que no cese su despilfarro en televisiones autonómicas, fatuos coches oficiales, ingentes plantillas de paniaguados analfabetos pero prontos al aplauso… Más impuestos, por favor, gritan los que esperan beneficiarse de esa nueva rapiña.

¡Ay! Pero no se dan cuenta de que si se incrementan los impuestos, tarde o temprano se trasladará al siguiente de la cadena y todo será más caro y más inaccesible, y que, además, vivimos en un lugar llamado Mundo, y tenemos que competir con empresas y países un poco menos locos que nuestros dirigentes, y, deseosos de ser más atractivos,  nos ganarán la batalla por atraer la prosperidad.

Y ya se sabe, cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana…

O los ciudadanos encontramos la forma de parar los pies a los guías ciegos que nos conducen al desastre, o cuando queramos reaccionar será tarde, irreversiblemente tarde.

Ya no les separa ni la aparente diferencia ideológica. Todos se apuntan a la receta. Incapaces de generar riqueza, necesitan más impuestos para cubrir sus gastos.

Debemos elegir gestores, en las empresas y en los gobiernos, que planten manzanos, no que expropien árboles para quemarlos en una hoguera que calienta una orgía. Obviamente, es más fácil salir a la calle e invitar a la gente a banquetes y fiestas, que a trabajar construyendo una plantación de árboles, que requerirá esfuerzo y renuncias.

Habrá que preguntarles ¿qué piensan hacer para que nuestro país sea más rico? No cómo van repartir el dinero y a quien se lo van a quitar, porque cuando hay, hay para todos y cuando no hay, al final, no hay para nadie.

Fernando Sánchez

Instituto de Desarrollo Pyme

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