Gastos estratégicos: Realmente, ¿Cómo quieres que sea tu futuro?

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ajedrez“El futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable, para el miedoso, lo desconocido. Para el valiente, la oportunidad”. VICTOR HUGO

    Un amigo me dijo que jamás había visto caras más perplejas que las que encontraba tras la frase: “cuéntame tu estrategia”. Se produce un silencio de esos que están pidiendo que alguien hable del tiempo o se pare el ascensor de la vida para bajarse. ¡Pero si está chupado, leches! Comencemos por los gastos estratégicos (más que nada porque nos habíamos comprometido).

Estoy cansado de ver a empresarios de pymes casi disculpándose por ser empresarios, por sacudirse la sospecha que gente que no ha creado nada en su vida quiere colgarle como explotador y perseguidor del lucro, para justificar con esa acusación que le vayan a freír a impuestos, en beneficio de ese que apunta con el dedo. Y de este complejo nace la distancia que algunos tienen con los términos que nos van a hacer empresarios de futuro. La ESTRATEGIA es uno de esos conceptos “pringosos” que tocamos poco. ¿A cuántos conoces que te digan “hemos diseñado una estrategia que te pasas, cómo va la tuya”?

La otra semana comentábamos la técnica del trébol normal para hacer fácil la distinción entre los gastos necesarios, estratégicos e innecesarios. Hoy vamos a profundizar en los gastos estratégicos, que eran los que nos hacían ganar en eficiencia o nos procuraban un futuro mejor.

La estrategia es saber dónde quieres llegar y cómo lo vas a hacer. Pongamos un ejemplo de la vida cotidiana. Si un niño quiere ser ingeniero debe estudiar una carrera y a lo mejor hacerlo fuera de su ciudad. Por el camino es posible que tenga que tomar varias decisiones:

-         Elegir la rama de ciencias en bachillerato.

-         Tener unas notas mínimas para conseguir los númerus clausus.

-         Saber inglés, porque habrá muchas cosas que tenga que estudiar en ese idioma.

-         Tener conocimientos suficientes de informática.

-         Disponer de recursos económicos para estudiar fuera.

Podríamos seguir así con otras muchas.

Pues, todo lo que haga para facilitar llegar a su objetivo, es pensar estratégicamente.

En un negocio ocurre exactamente igual. Si tienes claro el objetivo, pregúntate qué vas a necesitar para llegar allí. Otra pregunta estratégica es poner por escrito cómo serán los negocios que tú crees que sobrevivirán y llegarán a ese objetivo que tú te propones y por qué.

Porque la tentación de cortar los gastos estratégicos es muy alta. Si le preguntas a un chico si prefiere salir de copas con los amigos o pagarse unas clases de inglés, ¿qué crees que te dirá? Con la respuesta demuestra hasta donde es capaz de ver, si piensa en las copas, obviamente es un tío de presente, si estudia inglés es un tío que tiene claro que se tomará más copas “Premium” si se asegura un buen futuro. Y el problema es que, hasta ahora, había tiempo para ambas cosas y esa pregunta era innecesaria, pero el tiempo va más deprisa de lo que todos pensamos.

Después de esto, coges la famosa lista de gastos y el rotulador rojo. Y no caes en las recortestentaciones de “vender por dos copas tu futuro” con los recortes. Eso es pensar anti estratégicamente.

Gastos estratégicos que ahora la gente, con el rollito de la crisis, está descuidando pueden ser:

Publicidad para comunicar mejor sus propuestas, acudir a ferias a conocer tendencias, tratar de abrir mercados, cambiar las formas de comercializar nuestros productos o servicios, darle un nuevo aire estético a nuestro establecimiento, formarnos nosotros y a nuestros empleados para abrir la mente y desarrollar habilidades nuevas, innovar con algún producto nuevo, abrirnos al mundo de la comercialización por internet, posicionarnos en las redes sociales…

Si quieres salvar el presente, sí, el presente, piensa en el futuro. A lo mejor necesitas a alguien de fuera que te analice lo que estás haciendo y te eche una mano, pero, por Dios, no vuelvas a hablar del futuro como si fuera algo lejano, “ya tendré tiempo” es un trampa fácil para recortar en aquellos gastos que son estratégicos.

Por favor, ¡¡no dejes de estudiar inglés para salir de copas!!

Piensa en cómo quieres que sea la empresa dentro de un año y qué necesitas para llegar a ser así, a quién necesitas, cómo llegar a esos mercados o esos clientes, qué habilidades tienes que desarrollar… ¿Qué necesitas hacer para que tu situación cambie para mejor, para atraer a los mejores clientes, para trabajar de la forma más eficiente?

Eso es pensar estratégicamente. No hace falta que hagas un rimbombante plan estratégico para luego almacenarlo, basta con que pienses en el futuro, te digas la verdad a la cara y busques la forma de ordenar tus aciertos y tus errores, tus fortalezas y tus debilidades, y saber distinguir lo importante de las tonterías prescindibles, aunque hasta ayer te parecieran derechos irrenunciables.

Piensa en qué buscan los clientes cuando van a un negocio como el tuyo y encuentra la forma de dárselo. Prepárate, no ya para estudiar ingeniería, sino para ser uno de los mejores en la carrera. Habrá que hacer renuncias, pero seguro que los premios compensan con creces.

Crea una lista de gastos estratégicos, para que no te atrape el “ya lo haré”.

¿La tienes?

Ahora cuéntaselo a la gente que te rodea y alucina con la cara que van a poner.

Si el gasto, para el que te escucha, es estratégico, te verá como un líder que tiene las cosas claras y se puede confiar en él.

Si, por el contrario, piensa que es una chorrada o un despilfarro, dirá: ¡Dios mío, en manos de quién estamos!

Suerte cuando lo expongas.

Fernando Sánchez

Instituto de Desarrollo Pyme

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