Empresas malditas

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suicidio

“Temo más las maldiciones de mis vasallos que las lanzas de mis enemigos”. ENRIQUE II DE TRASTÁMARA

A veces te llaman de una empresa para echarles una mano y cuando llegas allí te das cuenta de que la maldición se ha adueñado de ella. Miras con cierta tristeza a la gente, recoges los bártulos y te marchas, sabiendo que lo único que le espera es la desaparición. Están condenadas por el simple hecho de que nadie allí quiere realmente que se salve. ¿Incomprensible? Ni mucho menos. La maldición de la autodestrucción les ha poseído.

Las cosas nunca pasan porque sí, salvo para los que se refugian en interpretar las circunstancias a la engañosa luz de la suerte. Para los que ya hemos fotografiado unas cuantas batallas, sabemos que la suerte tiene un peso decorativo en todo lo que nos ocurre.

Cada vez que llego a una empresa y el deseo de causar daño se ha impuesto al impulso de salvarse, es prácticamente imposible arreglar la situación. Hay mucha gente cuyo único placer consiste en causar daño, en destruir. Y como esto, desgraciadamente, está al alcance de cualquier imbécil, muchos sienten ese extraño placer de proyectar sus rencores en forma de destrucción. ¡Por fin son protagonistas en una película en la que antes eran figurantes! ¡Por fin todas sus envidias no confesadas se pueden clavar el pecho de alguien!

Mientras era época de vacas gordas se escondían las venganzas para no quedarse fuera del reparto. Habiendo llegado la sequía, se afilan las espadas para defender a muerte los famosos “derechos adquiridos”. En nuestro país hace ya mucho tiempo que la gente grita: “O todo o nada. Si me tocas los privilegios te quemo el chiringuito”.

En estos lugares, llegas, haces una reunión, y ves que en la mayoría de los corazones sólo hay trincheras, desde las que salen los odios, las envidias y las cuentas pendientes para vengarse, aunque eso suponga un gran perjuicio propio. Nadie quiere renunciar a nada, y si hay que renunciar, se renuncia a todo, pero me lo llevo todo por delante.

Hay trabajadores que quieren ver arruinado al empresario. Hay empresarios que a la vez que establecen recortes y aprietan las tuercas, se niegan bajar su ritmo de vida y hacen gastos obscenos que provocan la ira y dan argumentos a los que justifican la venganza.

Para muestra, los políticos que nos ha tocado sufrir: recortan sanidad, pero no se bajan sus privilegios, ni sus sueldazos, ni el overbooking de chupópteros que viven de los distintos entramados de los cargos públicos, ni las faraónicas televisiones para adoctrinar a sus masas.

Hay en empresas donde todos quieren que el sacrificio lo haga otra persona. Cuando les explicas que con esa actitud todos van a ir a la calle, te miran como diciendo: ¿De verdad? Y piensan más en el daño que sufrirá la otra parte, desatendiendo al propio.

Cuentan que una vez se apareció la diosa fortuna a un hombre consumido por la envidia y le ofreció que le concedería el deseo que quisiese, por difícil o costoso que fuera, pero, que le daría a su vecino el doble de lo que él pidiese. El sujeto, tras pensarlo un poco, le solicitó a la diosa que le sacara un ojo.

Hay en muchos sitios donde la gente daría gustoso un ojo, con tal de ver completamente ciega a la otra parte.

El aire que se respira en algunos lugares es más denso que el chapapote del Prestige.

¿Qué hacer en estos casos? Vete cuanto antes o si no puedes de momento, no des cabida al odio en tu corazón. Una batalla de este tipo te va a dejar muchas cicatrices en tu interior. Es fácil ser manipulado en un ambiente revuelto y muy emocionalizado, es muy sencillo sumarse a la revuelta que provocan los mismos macarras de siempre, que quieren lavar sus rencores en la sangre de alguien, sin medir las consecuencias a medio plazo.

Me da igual una empresa, que una ciudad, que un país. Si ves que nadie se esfuerza en arreglar la situación, sino en defender “lo suyo”, vete. Va a haber mucho fuego cruzado en ese lugar como para que no te dé algo de refilón. Afortunadamente, vivimos ya en un mundo global, donde puedes tener tu empresa en Arribatempujo y No subes, y vender o tener tus clientes en cualquier parte del planeta. Si es así. No te preocupes. Pero si dependes para sobrevivir de gente que creen que la mediocridad colectiva favorece su posición, desmonta el campamento y acampa profesionalmente en otro punto de este mundo global.

¿Y si eres empresario y ves ese ambiente envenenado en el interior de tu empresa? La ejemplaridad en el compromiso y la austeridad deben ser casi obsesivas. Nadie puede trabajar más que el líder, ser el primero en llegar y el último en irse (siempre debió ser así, pero en estas circunstancias es crucial). Debe ser ejemplo de abnegación, espíritu positivo, fortaleza y templanza, y ni un gasto más que pueda ser calificado de superfluo o que pueda despertar la envidia humana. No le demos argumentos a quien nos está esperando con la escopeta cargada. Así, los más sensatos se irán uniendo a la “brigada de salvamento”.

Es un buen momento para desarrollar el liderazgo y volvernos a ver como en los tiempos donde cada logro, cada venta, había que celebrarla por lo mucho que nos había costado. Todo era difícil, pero todo estaba cargado de ilusión. Podemos estar legítimamente orgullosos de cada día que empujamos un proyecto hacia delante, de cada día que levantamos la persiana de nuestra nave o abrimos la oficina, de cada idea nueva con la que queremos sorprender al mercado. La mayoría de la gente se queja, critica, pero no hace nada. Por lo tanto, si eres de los que sigues luchando siéntete

El bebedizo contra la maldición de los negativos que sólo se esfuerzan en destruir, es un proyecto cargado de planes y de ganas, muchas ganas.

¿Que no es fácil? Pero, ¿cuándo ha sido fácil sacar adelante un negocio?

Son las empresas donde la fuerza de los que quieren que no mejore la situación es superior a la de los que quieren que se mejore. Imaginad un país donde dueños de empresas de apagar fuegos dominaran a los políticos. ¿Querrían que se acabaran los incendios forestales? Obviamente no. ¿Cómo sería la situación allí de un amante de la naturaleza? Ya sé que la situación de los pirómanos es insostenible a largo plazo, pero no pararán hasta agotar los recursos. Igual pasa en cientos de empresas, los que empujan para abajo tienen el poder y no pararán hasta que quiebre.

Fernando Sánchez

Instituto de Desarrollo Pyme

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