El día que el cine español comprendió el significado de la palabra mercado

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8 apellidos vascosCorría el año de 2014, el que dicen mejor año de recaudación del cine español en décadas, cuando la gente que vivía del cine en España sufrió una increíble epifanía: comprendieron para quién hacían las películas. No siendo pequeño este milagro se unió a otro que consistía en verse desnudos de coartadas y excusas  para seguir financiándose del dinero de todos.

Este año será recordado como el año de “8 apellidos vascos”. Una película que pasará a la historia del cine español por haber batido todos los records de recaudación, en un momento donde, según los telediarios, los españoles estábamos atravesando una profunda crisis.

¿Cómo se explica? Pues, a lo mejor, porque mucha de la nueva gente del cine, ha comprendido que deben hacer películas para que las vea el público, y no para que sirvan de propaganda política y electoral del partido que gobierna.

No soy ni de izquierdas, ni derechas, porque me parecen conceptos del siglo XX, que sólo sirven para entretener al pueblo mientras los políticos se reparten el pastel, pero seguramente en este post, para algunos, voy a parecer de derechas, porque describiré un mundo poblado por personas que se auto denominan de izquierdas, aunque aparentemente sólo son de izquierdas, porque sujetan con la mano izquierda el cazo con el que reciben el dinero público.

No hace tanto tiempo vivíamos en este país en una dictadura donde había que hacer cine de régimen, y esto no es porque adelgazara, sino porque las películas que apoyaban al régimen o entretenían a la gente sin cuestionar la dictadura, encontraban abrigo en el cálido cobijo del poder. Altamente criticable, ¿verdad?

En España somos especialistas en sustituir a unos ladrones por otros, destronando a Alí Babá, para aupar, por ejemplo, a Alí Roldán, pero dejando intacta su banda de los 40 ladrones, y sus métodos  de contrastado éxito por años.

Así, una vez superada la etapa de Suarez, Felipe González que no tenía, y sigue sin tener, un pelo de tonto, confraternizaba con cineastas y aspirantes que se brindaban a contribuir a lavar el cerebro de los españoles para crear una cultura de “buenos y malos”, contraria a la que se arrastraba de antes y que clasificaba a las personas en:

buenos = gente de derechas”,  “malos = rojos”.

Para lograr ese fin había que hacer cientos de nuevas películas/mitin en que el reparto de papeles fuera contrario al anterior conforme al siguiente esquema:

  • Personas de derechas: aprovechados, violadores, fascistas, ladrones, asesinos crueles, preferiblemente feos, engominados,  medio analfabetos, ricos y explotadores de trabajadores, católicos…
  • Personas de izquierdas: guapos, idealistas, generosos, heroicos, apasionados, eruditos, sensibles, honrados, luchadores…

¡Joder! Es que me recordaba al cine franquista, pero al revés.

Lo que tienen las personas que aman la justicia y la libertad es que reconocen el engaño tanto en un sentido como en otro, y denuncian ambos. Suelen practicar aquel viejo dicho de Voltaire:

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.

Y aquí pasamos a decir “amo a Voltaire”, pero a practicar el anti Voltaire:

“No estoy de acuerdo con lo que dices, y dedicaré mi vida a impedir tu derecho a expresarlo”.

Añadiendo una graciosa coletilla:

“y si de paso con eso me gano la vida, mejor que mejor”.

Así nos hemos pasado otros 30 años de cine y cultura que el que dijese “soy de derechas” sería crucificado como facha inasumible en cualquier contexto. De derechas había que ser en casa o a la hora de votar. De hecho, basta mirar cómo aún a día de hoy en cualquier tertulia, se autocalifican unos de izquierda, y esos mismos califican a los contrarios como de derechas como si eso los denigrara, repartiendo de paso los carnets de demócratas sólo para los autodenominados de izquierdas. Con un estilo igual al que suelen hacer los forofos de un equipo de fútbol (tómese por ejemplo el Madrid y el Barça) cuando hablan de ellos y cuando se refieren a los contrarios.

Claro, cuando uno viaja a países civilizados, se da cuenta de que allí la gente es de derechas o de izquierdas (insisto que no creo en esta obsoleta clasificación) y se respetan. No piensan igual, pero entienden que no piensan igual. ¡Bendita democracia! ¿Cuándo la comprenderemos?

Y el mundo del cine se encuadra rápido en “guays” por un lado y “silenciados” por el otro. En el país del cine, Estados Unidos, se puede tener la ideología que se quiera, y todos caben, y nadie valora el trabajo artístico de un actor/actriz por sus filias o fobias… pero en España, el país de la intransigencia y la subvención partidista… no es así. Como al calor de la subvención se vive muy bien, para qué esforzarnos en hacer cine, si se podían hacer panfletos políticos, que era más rentable, y el esquema ya estaba comprendido.

Pero, como el pueblo, muchas veces es menos tonto de lo que los políticos se creen, la gente dejó de ir a las salas de cine a pagar porque le metieran un ladrillo en forma de mitin, con más manipulación que los telediarios de las distintas cadenas. Para eso ya tenían las tertulias de las que se sintieran afines, que les salía gratis.

Pero los chicos y chicas del cine se habían acostumbrado a vivir millonariamente, con cachés que en ningún caso justificaba la respuesta del público, pero como pagaban de todas formas los “sufridos ciudadanos”, que ahora se resistían a ser manipulados, se acuñó entre ellos el slogan: “no vendréis al cine, pero lo pagaréis igual”. Y nada más hay que ver cómo acuden de solícitos, cada vez que ven un político a suplicar su dádiva millonaria.

Pero, hete aquí que llega el siglo XXI y alguna gente creativa y con ganas de hacer cine y no de lamer culos, se pone a pensar y hacen películas de notable éxito, donde se cuentan historias equiparables a cualquier otro cine del mundo, y va la gente y comienza a verlas, y además cometen el error de hacer días de precios reducidos y los cines se petan de gente.

¡Coño! Pero, ¿la sociedad española no era esa que no iba al cine porque eran unos piratas a los que había que cargar de impuestos, para distribuirlos a través de los comisarios políticos de la SGAE, entre los mansos y bienmandados?  ¡Leches! ¿Qué hace la gente yendo al cine, están locos?

¡Vaya! Resulta que cuando haces un producto que gusta (últimamente bastantes películas), y ajustas el precio a uno que el público esté dispuesto a pagar, se llenan los cines.

Lo mismo que nos pasa al resto de las empresas y trabajadores a los que nos cosen a impuestos para pagar a gente que dice apoyar a los pobres, pero que los apoya contra la exprimidora para estrujarlos vía impuestos.  Porque cuando la gente del cine salía a llorar diciendo que necesitaban subvenciones para subsistir, no decían que los fontaneros, los carpinteros, los yesistas, los pescaderos, los que tenían tiendas de ropa, los de los restaurantes… estaban peor que ellos y necesitaban más la ayuda. ¡No! Decían: seguid exprimiendo a esos, que a cambio os hacemos películas/mitin que nadie quiere ver.

película subvencionadaCreo que la tendencia está cambiando y están comprendiendo que no somos más tontos que el resto del mundo, y que podemos hacer películas iguales o mejores que otros países, porque a creativos nos ganan pocos pueblos. Y que hacer cine es una profesión tan digna como las descritas, pero no más, por mucho glamour que tengan algunos sobre sus alfombras rojas.

Y que si queremos que nos compren un producto, tenemos que conseguir que le guste a quién vaya destinado y tener un precio que la gente esté dispuesta a pagar.

No hay nada que elimine más la creatividad y socave la dignidad que vivir profesionalmente de la limosna, aunque ésta sea millonaria. Y en un tiempo donde hay tanta gente necesitada, dedicar dinero a financiar a millonarios… no parece lo más de izquierdas, ¿no?

Para los que amen el cine y quieran protegerlo de su extinción deben comprender que su objetivo es seducir a espectadores gracias al arte de narrar con imágenes y no ser lacayo de políticos que impondrán su mensaje por encima del talento de los creadores e intérpretes. Las empresas que sobreviven son las que miran y escuchan al mercado y no a las subvenciones, sean del sector que sean. Basta mirar los casos de éxitos de todo tipo que nos rodean.

¡Vaya! Con lo que me gusta el cine, qué gran añada la del 2014.  😀

Gracias creadores, por acordaros de los espectadores en vez de los políticos.

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5 pensamientos en “El día que el cine español comprendió el significado de la palabra mercado

  1. En España los conceptos asociados a izquierda y derecha son una locura. No hay mas narices que mirar fuera para no perder el sentido comun. En España los Lanister son de derechas. Quitar grasa al sistema esta mal visto en ambos lados. La poblacion que esta a nuestro servicio gana un 50% mas que la servida, aunque luego “el servicio” elija libre y gratuitamente la sanidad proporcionada por los servidos. Paradójicamente, sanidad que los servidos no puen elegir libre y gratuitamente como el servicio. Y luego nos parece raro que los jovenes quieran ser funcionarios…

    Concepto trabajo, metamosle un 50% extra de sobrecoste. Energia, otro tanto. Y asi a todos los conceptos imaginables. Y luego nos quejamos de que no somos competitivos. Y luego aparece gente robandonos la grasa que rebosa por todas partes (cursos de formacion….).

    Este pais es una ….

  2. La politica de subvenciones generalizadas e indiscriminadas no genera cultura sino basura, de acuerdo, ahora …
    de ahí a ver manipulaciones politicas por todas partes hay un abismo, en el cine trabajan gentes de todas las opiniones.
    8 apellidos, la isla minima, el niño … ¿acaso no estan subvencionadas?.
    No se subvencionaban peliculas politicas, sino peliculas malas.

  3. Enhorabuena por haber sabido expresar tan bien un sentimiento que mi mujer y yo, a los que nos encanta el cine, teníamos desde hace ya mucho tiempo.
    Me hizo mucha gracia el Director de la academia, cuando soltó por enésima vez que les rebajasen el IVA, y luego hablan de ser solidarios, ¿que mayor solidaridad y que es más de izquierdas, sino pagar impuestos? Le tenían que haber dicho desde el público que era un liberal de derechas, ya que la bajada o eliminación de impuestos, es el mayor objetivo de los liberales… en fin.
    Como dices, me alegro de que porfin los cineastas españoles (y mucho andaluz por cierto, que aquí nos han adormecido a base de subvenciones, no lo niego, pero cuando hay que ser creativos, pocos nos ganan) hayan decidido hacer buen cine.
    Viva el buen cine español!

  4. Muy certero en todo el planteamiento, la cultura que se debe subvencionar es la de base,( enseñanza, actos públicos con gente nueva, poesía, música, teatro..incluso cine o cortos para iniciar a los nuevos..) pero la industria del cine debe funcionar como el resto de industrias o se subvenciona toda o ninguna.

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