De visires, validos y demás peligros.

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peloteo“Siempre es una tontería dar consejos, pero darlos buenos es fatal”. Oscar Wilde

-          Ahí Fernando, ahí le has dado. Sabía que ibas a encontrar una de las teclas fundamentales de análisis de la situación de una empresa.

Yo miraba a Leonardo como si se estuviera burlando de mí. No era consciente de haber realizado ningún hallazgo. Todo lo contrario, le había manifestado mi incapacidad para hacerme entender con una figura que veía repetida en muchas empresas: “el segundo de abordo”.

-          ¡Ay, Fernando! España es una tierra pródiga en validos, personas que sumen en la estupidez y la inoperancia a sus superiores. Es tan fácil manipular a una persona haciéndola tonta y perezosa que está al alcance de casi cualquier aficionado.

-          Hombre, no será tan fácil.

-          Prueba a decirle a alguien: no te preocupes ya te lo hago yo, tú ya has trabajado mucho, ¿para qué te vas a molestar? Ya me llevo las tortas… y observa qué ocurre. En muy poco tiempo el superior va entregando las llaves de la finca en quien “le quita todos los problemas”. Este segundo va haciendo y deshaciendo y nada se mueve sin su intervención. Su poder crece al mismo ritmo que su sueldo y la dependencia de la empresa se va haciendo patológica y de difícil curación.

-          Tal y como lo vas contando es lo que me encuentro muchas veces, pero no les suelo ver con ganas de mejorar la situación.

-          Obviamente. Muchos de éstos sólo tienen la habilidad de cultivar la conspiración y el peloteo, pero no de hacer que las cosas mejoren. Su máxima es: cuánto más inútil sea el jefe, y la situación más complicada, más imprescindible soy yo.

-          Peligrosa mezcla –apunté-.

-          Muy peligrosa, Fernando. Para que no se vean sus carencias se rodean de personas más inútiles que ellos (tarea harto difícil en algunos casos). Así no hay recambio posible. Convierten sus manías en normas y ahogan cualquier asomo de mejora y talento.

-          Entonces, ¿Cuál es el futuro de una empresa que caiga en esas manos?

-          Negro, muuuuy negro. Están tan ciegos que llevan a la ruina a la empresa de la que viven.

-          Entonces, ¿Qué ganan? ¿Por qué lo hacen?

-          Porque no suelen ser conscientes de que se producirá la ruina, no se juegan su dinero y no están dispuestos a soltar el mando. El poder no sólo corrompe, el poder esclaviza a quien lo obtiene. Hay pocos vicios como el de mandar y que te obedezcan, sobre todo si te ponen un buen sueldo.

-          Pero, ¿hay forma de reconocerlos y librarse de ellos?

-          Esas son dos preguntas…

-          Empieza por la primera.

-          Es muy fácil reconocerlos con el TEST DEL BUEN HOMBRE DE CONFIANZA.

-          No me digas que hasta hay un test.

-          Efectivamente. Basta con ver cuánto exige a su jefe y cuanto procura que mejore y se forme. Si el segundo continuamente incita a su jefe a formarse, a saber más, a desarrollar habilidades, a que se implique en la gestión de la empresa… puede uno estar tranquilo con esa persona. Si por el contrario, le halaga, le invita al descanso y las vacaciones a qué para qué va el jefe a formarse sobre cómo gestionar la empresa teniendo a alguien tan abnegado como él para todo lo duro… no lo dudes, le está jod…. la empresa en su único beneficio. Suele ser gente con cargos de corte administrativo, con alergia a los clientes y la calle, con mucho tiempo para hablar y lavar el cerebro del jefe. Son los visires malvados que manipulan a los sultanes en los cuentos orientales.

-          Le voy poniendo nombres de visir a gente que conozco…

-          Te va a llevar un buen rato. Aunque también existen los otros, los leales, a riesgo de que les partan la cara. La culpa no sólo es del pérfido valido, no, éste necesita un “rey” comodón y escaqueador, que no quiere problemas y que sólo aspira a distraerse.

-          Y, ¿la segunda parte de la ecuación? ¿Nos podemos librar de ellos?

-          “Ahí viene cuando la mataban”… ;-) En muy pocas ocasiones el sultán quiere volver a coger las riendas de la empresa, ni el visir está dispuesto a soltarlas. Las dos posturas son adictivas. Pero, como te digo muchas veces, es TIEMPO DE VALIENTES, de HÉROES. Cortar el órgano en que confías, que se ha infiltrado en tu cerebro es doloroso, pero más doloroso es arruinarse. Aunque es mucho más fácil no hacer nada.

-          Y, ¿yo puedo hacer algo?

-          Muy poco. No trates de venderle mejoras, recuerda que son como quien empuja la silla de un inválido y vive de eso. ¿Crees que querrá la sanación del enfermo?

-          Además esto a nivel de los países y los organismos públicos también se puede dar, ¿no?

-          ¿No te suena ningún presidente o mandatario rodeado de maquiavélicos ayudantes que enjabonan sus oídos y les hacen día a día más inútiles?

-          No me castigues más, por favor…   -pedí, no queriendo abrir más los ojos por hoy-.

Fernando Sánchez

Instituto de Desarrollo Pyme

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