Cuando se acaba el pan, hace menos gracia el circo

Send to Kindle

“Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana” Refrán popular

Nuestro país se está volviendo un plató de televisión gigante, donde hay que captar la atención a cualquier precio, donde los contenidos de lo que se dice son intrascendentes, y donde prima hacer el payaso para captar la atención en el hemiCIRCO de los diputados. Se han exportado las técnicas de la más pura televisión de entretenimiento a la vida diaria.

cuando se acaba el pan

Los políticos, que debían ser elegidos por su capacidad para gestionar los asuntos públicos, en los que nos jugamos tanto, se eligen en función de su número de apariciones en programas de televisión de máxima audiencia.

–          Ahh, ¿Tú no has ido al hormiguero? ¡Vaya mierda de político que eres!

–          Pues tú eres peor, porque no te ha entrevistado Risto.

–          No te creas, yo he hecho el indio con Calleja.

vótame que salgo en la tele

Las carreras de los políticos se parecen cada vez más a los curriculums de aspirantes a trabajar en el Sálvame. Y esto, asombrosamente, no sólo la gente no lo ve con estupor, sino que decide su voto precisamente en función de ello.

Ahora, con la nueva show-política, cada día hay que ver cómo la liamos para que los telediarios y las tertulias hablen de nosotros, para acaparar minutos de televisión, porque eso se traduce en votos.

El problema se está acentuando porque eso lo estamos trasladando a todos los ámbitos de la vida, todos, en mayor o menor medida, nos estamos volviendo payasos, trapecistas, domadores de un circo abierto donde hay que contar el número de “seguidores” en twitter, el número de “amigos” en Facebook, y así en todo.

Damos un paso, y tiene que ser publicado, y refrendado por “likes” porque si no… no somos nadie. No se evalúa y juzga el contenido de nuestras acciones, sino la expresión pública de las mismas.

Es como si un cocinero se valorara por lo bien que contaba cómo se había cocinado un plato, o por lo bien decorado que lo dejaba para las fotos, y a nadie le importara si estaba sabroso, era sano o había sido caro o barato de elaborar. Como si las fotos se comieran. Una vez más: el mundo al revés.

Y eso se lleva también al mundo de la empresa, porque hacemos lo que vemos. Y queremos tener presencia en las redes sociales y para ello hacemos cosas que “parezcan”, al margen de lo que realmente sean. “Lo importante es parecer”. Dedicarse a cultivar lo superficial.

El problema es que al final esa comida “fotogénica” hay que comérsela, ese gerente de empresa con tantos amigos en Facebook tiene que dirigir la empresa, y ese político/tertuliano decidirá el destino de nuestras vidas.

Y he comprobado una y otra vez, que cuando se acaba el pan, luego ya no hace tanta gracia el circo. Cuando la empresa cierra por dedicarse a lo superficial, descuidando lo verdaderamente importante, cuando nuestras relaciones personales naufragan a pesar de tener muchos likes en las redes sociales, cuando los países quiebran y tienen que ser rescatados, teniendo que hacer dramáticos recortes, entonces los payasos ya no hacen tanta gracia. Salvo, y esto puede ocurrir, que nos hayamos infantilizado tanto, que seamos como auténticos niños y sigamos juzgando las causas en función de quién nos hizo reír más.

hemicirco

No sé cómo contribuir a trasladar un mensaje en el que primemos la autenticidad. Y lo digo yo, que hago un montón el payaso en la forma de presentar los argumentos, pero trato de cargar de contenido sensato y responsable aquello que cuento, difícil mezcla.

Estamos ante el dilema de potenciar el show y terminar devorados por el circo, o tratar de ser sensatos y acabar relegados a la irrelevancia.  😎

Fernando Sánchez

Instituto de Desarrollo Pyme

 

 

 

Comparte

2 pensamientos en “Cuando se acaba el pan, hace menos gracia el circo

  1. ¡Qué razón tienes!
    Vivimos en la sociedad de lo que parece y no es. La gente publica su vida en Internet, en las empresas se hacen proyectos que no sirven para nada y que después no se terminan, pero que parecen acabados y que aportan mucho valor. En lo público hacemos obras enormes que cuestan mucho dinero para que se vea lo que trabajan los políticos (y no se vea lo que desvían) y después resulta que lo que realmente necesitamos no podemos pagarlo.
    Todos formamos parte de una u otra manera del juego. Tenemos que hacernos mayores y comenzar a pedir las cosas que queremos y si no nos las dan a construirlas nosotros mismos.
    Sensatez y honestidad. Qué falta hacen.

  2. Creo que el problema empieza en la más corta infancia, en la educación y la cultura que se le da a una sociedad, nosotros llevamos 40 años criando ignorantes, entonces no podemos exigirles que sepan distinguir entre el circo y la vida real, son enanos mentales que , aunque se acabe el pan nunca van a discernir los motivos por los que hoy no comen, solución: ir poniendo payasos nuevos que los confundan aún más, tenemos más de una generación perdida y las que nos quedan por perder…
    En el reino de los ciegos el tuerto es el que manda
    Mientras mantengamos los pueblos sumidos en la ignorancia y el infantilismo mejor los podremos manejar como si de un rebaño de ovejas se tratase, eso sí hagamos que piensen que mandan ellos cuando votan una vez cada cuatro años jejejeje.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *