Aída Nízar o de cómo no buscar clientes

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FIESTA DE SUPERVIVIENTES 2011

“Conquistamos a las mujeres con mentiras y luego queremos que nos quieran como realmente somos” George Bernard Shaw

Cuando se intensifica la competencia es cuando hay que tener los nervios más fríos, para no cometer errores estratégicos que luego tengan difícil la vuelta atrás o ésta sea imposible. Esto puede ocurrir en una PYME y también en la carrera profesional de cualquiera de nosotros. La tentación de vender el alma al mercado a veces es demasiado alta.

Aída Nízar, popular por sus polémicas intervenciones en la televisión, parece ser un caso de mala planificación estratégica. Son muchos los que quieren vivir de la popularidad y aceptan pasar por la picadora de carne que es Telecinco a cambio de ello, pero ¿a cualquier precio?

La señorita Nízar parece haber llegado a la conclusión que se tiene que hacer un hueco sí o sí, y que el nicho profesional que está a su alcance es el de polémica radical. Pocas veces la palabra nicho tiene tanto sentido.

Aída despierta el odio cerval que parte de la población lleva dentro, y el odio genera audiencia, ¿quién lo va a negar? Pero sólo mientras se masacre a quien odiamos. Aída tendrá audiencia siempre que salga para que la humillen e insulten, para que la gente descargue el lado oscuro quedando satisfecho, viendo como la vejan. Ella sola va cerrando cualquier otra posibilidad. Telecinco, conocedor de los engranajes de la audiencia, explota el “producto Aída Nízar” cuando necesita carne de cristiano para los leones de su circo.

¿Y eso que tiene que ver con las PYMES?

Que me estoy encontrando con muchas empresas con políticas súper agresivas de venta. Te repiten que necesitan generar volumen (el equivalente al rating de audiencia), sin medir mucho las consecuencias a medio plazo. Parece que mientras la cifra de facturación sea aceptable, la rentabilidad no importa tanto. Muchas empresas tratan de entrar vía precio a captar clientes con estrategias que no podrán mantener en el futuro, pues se encontrarán con clientes acostumbrados a un nivel de precios, que ya les han clasificado como baratos y no querrán verlos de otra forma. NUNCA OCURRE, de verdad.

La preocupación, aún más la desesperación, por muy comprensible que sea en un entorno de crisis, facilita las decisiones kamikazes. Pero, no por comprensible que sea, eso lo hace acertado. Aída Nízar ya nunca dejará de ser Aída Nízar. El público no quiere ver en ella a una presentadora al uso, quiere ver cómo Jorge Javier la ridiculiza. Cuando un producto lo hemos clasificado de barato, no aceptaremos políticas de subida de precio. Cuando el mercado detecta nuestra extrema necesidad, no sólo no aplicará la compasión, sino que incrementará la presión, y nosotros, acostumbrados a ceder, daremos otro paso hacia la ruina. Como ejemplo sirvan los mercados de deuda. Si alguien espera cordura, que se siente tranquilo, cuanto más sangre la presa, más redoblarán el castigo.

Por eso en tiempos revueltos es donde la sensatez y el pulso frío se imponen. No convirtamos a nuestros negocios o nuestras carreras profesionales en una Aída Nízar de la vida, dispuestos a ser sacrificados a cambio de dos minutos de aparente popularidad.

Fernando Sánchez

Instituto de Desarrollo Pyme

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